Agnotología

El estudio de la ignorancia puede ofrecer claves fundamentales para entender nuestras sociedades según Robert Proctor y Londa Schiebinger. El siguiente texto procede de la introducción de Agnotology: The Making and Unmaking of Ignorance. Stanford: University Press, 2008.

VIVIMOS EN UNA ÉPOCA DE IGNORANCIA, y es importante comprender cómo se ha llegado hasta aquí y por qué. Nuestro objetivo es explorar cómo se produce o se mantiene la ignorancia en diversos entornos y a través de qué mecanismos. Estos pueden ser tan diversos como la falta de atención deliberada o inadvertida, el secreto y la limitación de circulación, la destrucción de documentos, la tradición incuestionable y las innumerables formas de selección cultural y política, más o menos evitable o inherente. La “agnotología” es el estudio de la creación de la ignorancia, de lo perdido y lo olvidado. Se centra en el conocimiento que podría haber sido, pero no fue, o que debería ser pero no es. También se verá que no toda la ignorancia es mala.

Nuestro propósito principal aquí es promover el estudio de la ignorancia, desarrollando herramientas para entender cómo y por qué varias formas de conocimiento “no han llegado a ser”, o han desaparecido, o se han retrasado o han sido fuertemente descuidadas, para bien o para mal, en varios momentos de la historia. Nadando como lo hacemos en los océanos de la ignorancia, los ejemplos podrían multiplicarse hasta el infinito. […]

A LAS PERSONAS FILÓSOFAS LES ENCANTA HABLAR DEL CONOCIMIENTO. Todo un campo (la epistemología) se dedica a reflexionar sobre este tema, con resultados vinculados a cátedras universitarias y conferencias cargadas de autoridad […] Sin embargo, lo que llama la atención es lo poco que sabemos sobre la ignorancia. Ni siquiera existe una palabra conocida para su estudio (aunque nuestra esperanza es que eso cambie), ni conferencias elegantes ni páginas web pulidas. Esto es especialmente notable, teniendo en cuenta (a) la cantidad de ignorancia que existe, (b) los muchos tipos que hay, y (c) la importancia que tiene la ignorancia en nuestras vidas.

El objetivo de este volumen es argumentar que, de hecho, hay mucho que saber sobre la ignorancia. La ignorancia tiene muchos amigos y enemigos, y tiene una gran importancia en todo, desde la propaganda de las asociaciones comerciales hasta las operaciones militares y los eslóganes que cantan los niños. Los abogados piensan mucho en ella, ya que a menudo sale a la luz en los litigios de responsabilidad por productos de consumo y de responsabilidad civil, donde las preguntas suelen ser “¿Quién sabía? ¿qué y desde cuándo?”. La ignorancia tiene muchos sustitutos interesantes y se solapa de innumerables maneras con el secreto, la estupidez, la apatía, la censura, la desinformación, la fe y el olvido, aspectos todos relacionados de un modo u otro con la ciencia. La ignorancia se esconde en las sombras de la filosofía y está mal vista en la sociología, pero también aparece en gran parte de la retórica popular: no es una excusa, es lo que no puede hacerte daño, es la felicidad. La ignorancia tiene una historia y una compleja geografía política y sexual, y hace muchas otras cosas extrañas y llamativas que merecen ser exploradas.

Y también muchas otras cosas deplorables, aunque no consideramos que la investigación en este ámbito tenga necesariamente el objetivo de rectificarlas. Es común pensar (o trivializar) la ignorancia como algo que necesita corrección, una especie de ausencia o vacío natural donde el conocimiento aún no se ha extendido. Como educadores, por supuesto, estamos comprometidos con la difusión del conocimiento. Pero la ignorancia es más que un vacío, y ni siquiera es siempre algo malo. Nadie necesita o quiere saberlo todo en todo momento y seguramente todos y todas sabemos cosas que preferiríamos que los demás no supieran. Un principio fundacional de los estados liberales es que la omnisciencia puede ser peligrosa y que algunas cosas deben mantenerse en privado.

El derecho a la privacidad es esencialmente una forma de ignorancia sancionada: los gobiernos liberales tienen (supuestamente) prohibido saberlo todo; los inquisidores deben tener órdenes judiciales. También se supone que los jurados deben mantenerse ignorantes, ya que el conocimiento puede ser una forma de parcialidad. Hay una ignorancia virtuosa, en forma de resistencia a (o límites puestos a) los conocimientos peligrosos.

Las causas de la ignorancia son múltiples y diversas. No mucha gente sabe que el edificio más grande del mundo es una instalación semisecreta construida para producir uranio-235 explosivo, utilizando enormes imanes, cerca de una anodina población del sur de Ohio (Piketon); pero eso es por razones diferentes a las de por qué no sabemos mucho sobre el origen de la vida, o nada en absoluto sobre el tiempo anterior al Big Bang hace unos 14.000 millones de años. Y hay muchas formas diferentes de no saber. La ignorancia puede ser el reverso de la memoria, lo que no se sabe porque se ha olvidado, parte de lo cual puede ser restaurado por investigaciones históricas, pero la mayor parte se ha perdido para siempre. La ignorancia puede hacerse o deshacerse, y la ciencia puede ser cómplice de ambos procesos.

Para saber más

Bertomeu Sanchez, Jose Ramon. Tóxicos: Pasado y presente. Barcelona: Icaria, 2021.

Guillem-Llobat, Ximo, y Agustí Nieto-Galan, eds. Tóxicos Invisibles. La construcción de la ignorancia ambiental. Barcelona: Icaria, 2020.

Proctor, Robert, y Londa Schiebinger, eds. Agnotology: The Making and Unmaking of ignorance. Stanford: University Press, 2008.

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