Examen del futuro de H. Brown (1954)
El reciente libro de Jean-Baptiste Fressoz (Sin transición, Arpa, 2025) ha señalado los problemas relacionados con el uso acrítico de la noción de “transición energética”. En una conferencia de presentación del libro en el Instituto Interuniversitario López Piñero, el historiador francés mostró a través de numerosos ejemplos que la historia de la energía está marcada por la acumulación de fuentes primarias y la simbiosis entre todas ellas, no tanto por la transición de una fuente a otra. El concepto de transición energética se forjó a mediados del siglo XX en Estados Unidos a través de un grupo que denomina “maltusianos atómicos”. Eran expertos asociados con la recientemente creada industria de la energía atómica que estaban preocupados por el crecimiento demográfico y los límites de uso de los recursos naturales, entre ellos las fuentes de energía.


En la actualidad, el personaje más conocido dentro de este grupo Marion King Hubbert (1903-1989), al que se asocia con las curvas que anunciaban el llamado “cenit del petróleo” (“peak oil”). En septiembre de 1948, durante un congreso dedicado a fuentes de energía que tuvo lugar en Washington bajo el patrocinio de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, Hubbert alertaba a sus colegas acerca del carácter excepcional de las sociedades basadas en un consumo de energía producido a partir de minerales fósiles: “Los acontecimientos que estamos presenciando y viviendo, lejos de ser «normales», se encuentran entre los más anormales y anómalos de la historia del mundo. Sin embargo, no podemos dar marcha atrás, ni consolidar nuestros logros, ni permanecer donde estamos. De hecho, no tenemos más remedio que avanzar hacia un futuro que, sin duda, será muy diferente de todo lo que hemos vivido hasta ahora”. Este cambio era obligado porque los combustibles fósiles eran necesariamente una fuente limitada, aunque muy grande, de energía que inevitablemente acabaría consumiéndose al ritmo de uso de energía de la civilización industrial. Hubbert estimaba que se podría continuar usando estos combustibles hasta mediados del III Milenio. Hubbert también revisó en este trabajo, que acabó publicado en la revista Science, otras fuentes de energía como la hidroeléctrica , así como las diversas tendencias de crecimiento de la población.
Ahora bien, Hubbert era plenamente consciente de que no todas las reservas de combustibles fósiles podían extraerse con igual facilidad. En el caso del carbón mineral pensaba que quizá solamente la décima parte de los depósitos eran explotables, una cuestión que dependía de muchos factores, entre ellos las técnicas de extracción o los precios de los combustibles, lo que añadía todavía más dudas respecto a las gráficas. En 1955 realizó una serie de charlas, una de ellas frente a los directivos del American Petroleum Institute, en las que afirmaba que la producción de petróleo en Estados Unidos alcanzará su cenit alrededor de 1965-1970 y que descendería a partir de entonces en una proporción comparable a la que ha marcado su crecimiento en los años anteriores.


Tras la difusión de estos resultados, Hubbert fue llamado ante el comité de energía atómica del congreso de Estados Unidos. Podemos seguir fragmentos de la reunión a través de la biografía de Hubbert realizada por Mason Inman. Tras confirmar su idea del cenit del petróleo, Hubbert afirmó que sin la energía atómica el mundo estaría abocado a una “completa decadencia de la civilización en unos pocos siglos”. “La energía nuclear” – afirmó Hubbert – “ha llegado justo a tiempo para salvarnos”. Según Fressoz, las gráficas de Hubbert sirvieron así para imaginar un futuro en el que los combustibles fósiles agotados serían reemplazados progresivamente por la energía atómica. Sus proponentes pensaban en escalas de siglos, incluso de milenios, tal y como se puede observar en la gráfica adjunta. Imaginaban una larga transición desde un planeta industrial basado en combustibles fósiles – con abundantes reservas, pero limitadas – hacia una nueva fuente de energía prácticamente infinita basada en una explotación racional de la energía de fisión atómica que despegaba “justo a tiempo” a mediados del siglo XX.
Un personaje de este grupo mucho menos conocido es Harrison Brown (1917-1986), un geoquímico norteamericano que inició su carrera en la física nuclear. Su libro “The challenge of Man’s Future” tuvo numerosas ediciones en inglés y fue traducido al castellano y editado por la editorial Fondo de Cultura Económica. En los años en que se publicó, Brown colaboraba con el laboratorio metalúrgico de la Universidad de Chicago, donde se hicieron las primeras experiencias con reactores nucleares para uso industrial. Además de sus investigaciones químicas y geológicas, fue un importante intelectual del movimiento neomaltusiano norteamericano. A mediados del siglo XX, estos pensadores habían movido el foco de sus preocupaciones por los límites de los recursos naturales desde el hambre y los rendimientos agrícolas, que habían centrado la atención de Malthus, hacia cuestiones que tenían más relación con la producción de energía y materiales para las sociedades industriales en las que vivían.

Cuando apareció su libro, Brown participaba en las conferencias neomaltusianas organizadas por autores como Aldous Huxley y subvencionadas por la fundación Rockefeller. También participó en la conferencia inaugural del programa “Átomos para la Paz” celebrada en 1955 en Ginebra, donde auguró que la construcción de miles de reactores atómicos podría permitir aumentar la población hasta más de 7000 millones de personas con altos estándares de vida y consumo, según razonaba con detalle en su libro. Participó en diversas campañas contra la proliferación de armamento atómico, entre ellas las “Pugwash Conferences on Science and World Affairs” que arrancaron en julio de 1957. En los últimos años de su vida fue editor del Bulletin of the Atomic Scientists. En la década de 1960 siguió trabajando en esta dirección desde el departamento de Caltech con subvenciones del gobierno norteamericano. En 1967 ayudó a popularizar el concepto de “transición energética” que fue inspirado por estos trabajos anteriores y la idea de “transición demográfica” de Kingsley Davis. Estas ideas se encuentran ya presentes en su “Examen del futuro”, del que se reproducen los pasajes finales del capítulo dedicado a la energía (pp. 190-191)
“En el análisis que antecede he tratado de demostrar que, salvo que ocurran descubrimientos o inventos científicos de los cuales por ahora no existen indicios, son claras las pautas generales de consumo de energía en el mundo del futuro, aunque sea imposible presentar estimaciones temporales exactas. Hemos visto que, aunque los combustibles fósiles pueden durar muchos siglos a los presentes coeficientes de consumo mundial, y aunque la mayor parte de nuestras necesidades podrían, en caso necesario, resolverse mediante la utilización total de los recursos hidroeléctricos de que se dispone, las necesidades de energía aumentan rápidamente y sin duda continuarán creciendo durante décadas debido a los aumentos de la población, a la continua expansión de la industrialización, al aumento en las demandas de bienes materiales por habitante y a las mayores necesidades de energía que se requieren para procesar minerales pobres y para extraer los combustibles fósiles mismos, que cada vez disminuyen más.
Además, se ha visto claro que, a medida que los combustibles fósiles desaparezcan, se recurrirá cada vez más a la energía solar para el calentamiento de espacios así como a su utilización en otras formas. La energía atómica podrá muy bien haber llegado a punto como una de las principales fuentes de energía, porque es probable que para entonces pueda competir económicamente con el carbón. El primer uso importante de la energía atómica – aparte del militar- muy bien podría consistir en plantas centrales de calentamiento en las regiones nórdicas, donde la energía solar es difícil de aplicar. Pero, además, son de esperarse ulteriores progresos juntamente en la generación de electricidad y en las unidades de calentamiento de espacios. Y también es probable que durante la próxima fase de la historia del mundo ponga en servicio la mayor parte de los actuales lugares susceptibles de aprovechamiento hidroeléctrico […]
La tercera fase de la historia de la energía se presentará cuando la producción de carbón pase su punto más alto. Cuando se llegue a ese punto, el carbón será tan caro en relación con el nivel general de precios, que su uso quedará limitado a producir unos cuantos artículos importantes para los cuales no se conocen sustitutos como, por ejemplo, la elaboración de acero. El calentamiento de espacios se realizará primariamente con energía solar y energía atómica. Prácticamente todos los combustibles líquidos se obtendrán de la madera y la vegetación. Cada vez se hará mayor hincapié en la utilización de la electricidad producida por medio de energía atómica para el transporte terreste, y en barcos impulsados por ella, harán los viajes transatlánticos.
Sobre la base de nuestra experiencia tecnológica actual parece probable que durante esta tercera fase la energía atómica excederá con mucho en importancia a la energía solar. Esto sería cierto si sucede que la “multiplicación” de material atómico para uso de reactores en gran escala resulta compatible con una extracción razonablemente eficiente de trabajo útil. Se supone también que puede extraerse mayor cantidad de energía de un peso dado de roca que contenga pequeñas concentraciones de uranio y de torio,de la que es necesaria para realizar el proceso. Si acontece que estos supuestos son correctos, parece probable que los costos de capital de la producción de energía atómica serán menores que los necesarios para producir energía solar. Sin embargo, con el tiempo estos supuestos podrían resultar equivocados, en cuyo caso la energía solar vendría a utilizarse ampliamente durante la tercera fase del consumo de energía. “

